miércoles, 24 de febrero de 2010


No entiendo cuando me mira, con esos ojos de color miel. No entiendo como me observa en la ducha, como si yo fuera única. O cuando me mira, sentado en la cama, cuando me despierto de entre mis sueños.
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domingo, 11 de octubre de 2009

entrada I


Se acerco lentamente a la ventana.

Alli habia alguien.

No, no se lo estaba imaginando.

Sus ojos brillaban en la oscuridad. Rojos y malignos.

Se conocian.

Ya se habian visto en el pasado.


Hacia siglos.


María lo observó.

Sus movimientos eran elegantes. Pausados.

Pero, acabaría cediendo. Estaba hambriento.


Bebió un sorbo de café. Aquel ser se estaba enfadando. Tal vez, no la reconocia. Ella habia cambiado mucho. Él, nada. Aún quedaban vestigios de aquel militar que ella había conocido, tal vez, en Alemania.


El café estaba amargo. No se había acordado de ponerle azúcar. Tenía que ir a la cocina, abrir la puerta de la alacena... creaba en su mente cada uno de sus movimientos. Mientras, aquel ser no paraba de mirarla. Quería que lo invitara.

Aquella casa no era como las demás. Era sagrada, para poder entrar en ella, debía ser invitado.

Y, ella, tampoco no era común: su mente era oscura, cerrada, como si fuera uno de ellos.


De repente, se escuchó un golpe seco en el cristal.


Maria saboreó la cucharilla. Ahora el café estaba en su punto: dulce, pero con un toque amargo.


  • ¿Escuchaste un golpe?- le preguntó Lùkas, entrando en la cocina. Llevaba puesto el pantalon de pijama, solamente.

  • No, no he escuchada nada.- dijo ella, tras beber un poco de café.

  • Que extraño. Hubiera asegurado que algo habia roto el cristal. - contestó el joven, observando las ventanas de la cocina.

  • No pasó nada- repitió María, sin inmutarse.


En el exterior, Dorian observaba con odio a la pareja. Aquella casa era diferente a otras. Era una casa protegida. Aquella noche no habia podido entrar, pero acabaria haciendolo. A la mujer la conocía, pero al chico no. Él era más humano, menos animal.


Las nubes dejaron de ocultar la luna redonda y brillante. Lùkas se dirigió a su habitación. Aún le daba vueltas la cabeza, estaba seguro que habia oido un golpe. Había sido seco y nítido.Se metió en la cama. Por primera vez, dudaba de sí mismo. Hasta que vió, gracias a la luna, la silueta de un hombre en un arbol. Entre las ramas. Lùkas se asustó. Pudo ver por un segundo, el rostro de aquel ser, sobre todo sus ojos. Rojos y brillantes. Nada más.


Ahora sabía que él no se había imaginado lo del golpe. Pero, entonces, ¿por qué le había mentido Maria? Las nubes ocultaron, otra vez, la luna, cuando aquel ser descendía con sigilo del árbol.


Lukàs prefirió no hablar sobre el asunto. Sabía que era lo que había escuchado y lo que había visto.

Pero, aquel ser no era un vampiro normal, eso era cierto.

Este blog ha nacido para poder publicar todo lo que escribo, o lo que me apetece, en una palabra.